«Tener conexión a internet sin entenderla es como dar una moto sin enseñar a conducir»


Liliana Arroyo, especialista en innovación social digital, participa en el debate final del m4 Día social que se celebra el 29 de septiembre en el Palau Macaya.

Internet debería ser un derecho fundamental? ¿Por qué?

Lo debe ser porque si no se convierte en un derecho fundamental, al igual que teníamos las barreras arquitectónicas en el siglo XX, es una nueva barrera social que genera discriminaciones y brechas que no nos interesan. Y no sólo se ha de dar entrada y dispositivos a todas las personas, es necesario que haya una alfabetización digital. Tener conexión sin tener la capacidad de entender qué es es como dar una moto sin enseñar a conducir.

Como se materializaría legal y políticamente?

Se debería incluir en la regulación y en el marco legal que toque. Ahora tenemos ideas y documentos pero deben tener validez legal y falta política para activarla.

La pandemia ha puesto en evidencia la brecha digital?

Se ha puesto en evidencia la importancia de entender qué es internet y cómo funciona. Hemos pasado a depender de cuatro empresas. Creo que nos sirvió para tomar conciencia de la brecha digital, sobre todo a nivel escolar.

Como podríamos enseñar internet?

Es cuestión de entender que es una ventana, un instrumento, muchas cosas en una. La pandemia ha sido una buena pretexto para poner internet los propósitos de la persona. Es un portal brutal pero tienes que saber qué estás buscando.

Quizá la filosofía podría ser una puerta de entrada a internet para preguntarnos qué es ético y qué no, por ejemplo, como podemos suponer en un foro anónimo. Debe dejar de ser una cuestión de herramientas para ser un vehículo. No debe plantearse como cuando hacemos informática en las escuelas. Internet es muchas más cosas y en cada asignatura hay un espacio para hacer de internet un aliado en el aula.

Y el derecho a desconectarnos?

Creo que van ligados el derecho a estar conectado ya poner límites. Son caras de la misma moneda. Tener el derecho no significa tener la obligación de estar conectado. Si se convirtiera en un derecho fundamental en el que quien está conectado es porque quiere entenderíamos mucho mejor la desconexión digital. Pero nos queda un camino muy largo.

Hay una ley orgánica que contempla el derecho a la desconexión, pero no tenemos el consenso ni el imaginario. Y eso la pandemia lo evidenció. Las personas que teletreballàvem suplió la falta de presencia con productividad.

Pero no todo es positivo, ¿verdad? Internet es machista y racista?

Internet no es machista ni racista. Internet es una infraestructura que es como las líneas de teléfono, el mundo digital es otra cosa y el mundo de las plataformas, otra. No es algo unívoca, hay muchas maneras de estar internet, hay comunidades basadas en el código libre, hay comunidades con normas de convivencia.

Las redes sociales que conocemos y las grandes tecnológicas favorecen los contenidos racistas y machistas y la desinformación, tienen un modelo de negocio que se basa en la economía de la atención ya las personas nos llama más la atención cuanto más exagerada es la información . Las emociones más polarizadas son las que más triunfan, este fenómeno no es nuevo pero el mundo digital la amplifica.

Contamina el medio ambiente?

Aunque pensamos que colgamos las cosas en la nube, tiene un impacto ambiental muy elevado porque genera grandes cantidades de información almacenada en grandes centros de datos. El almacenamiento de datos es el nuevo petróleo que lubrica el sistema. Para entrenar los algoritmos también hacen falta procesos que utilizan mucha energía.

Hay un dato que compara el ecosistema digital con la industria aeronáutica: entrenar un año una voz tipo Siri es equivalente a ir y volver entre Nueva York y Pekín 150 veces.

Si tú envías un email sólo con texto tiene un impacto X, y si lo envías con un adjunto, es cuatro veces más. No tenemos este conocimiento. Parece que no nos ocupa lugar porque no lo tenemos en el bolsillo pero está ocupando lugar en algún servidor. Nos falta higiene digital.

Vemos los controles de Twitter y las apps de citas. Desresponsabiliza las relaciones afectivas?

El hecho de que haya una pantalla medio o que tengamos la capacidad de interactuar con personas que no conocemos nos dificulta los vínculos. La pantalla nos pone una especie de escudo. Las apps de citas que dan la opción de descartar personas hacen que a veces nos olvidamos que al otro lado hay un ser humano. La deshumanización de está estudiando.

¿Qué sociedad nos está dejando la digitalización?

La sociedad es dinámica y evoluciona rápido. Con la pandemia se ha acelerado que entendamos cómo funciona el mundo digital y eso son buenas noticias. Las herramientas nos hicieron sentir lejos de los que teníamos cerca pero nos acercaron a los que teníamos lejos. Gracias a esto hemos descubierto que podemos hacer muchas cosas de forma digital, nos hace más eficientes.

También estamos aprendiendo y entendiendo el valor que tiene encontrarnos presencialmente. Estamos repensando las oficinas, cambia mucho a los puestos de trabajo cuando se hace teletrabajo o presencialidad. Ahora para producir ya lo puedes hacer desde casa, y cuando vas a la oficina quizás hacemos una reunión o discutimos temas importantes.

Estamos dando valor a la humanidad?

Hemos revalorizado el cara a cara, el encuentro. Hemos recuperado el valor de lo humano, de la ética. Trabajando con jóvenes, que son los que supuestamente parecía que sólo se relacionaban digitalmente, me decían: «Nunca cambiaríamos un café o un abrazo con nuestra amiga por un like de instagram».

Hay cosas que no nos gustan, pero nos aporta mucho. Necesitamos asearlo, necesitamos un contrato social alrededor del mundo digital, nos toca hacer este debate y vivir este experimento. No desde la visión conformista, sino desde el empuje y de salir adelante, de continuarlo repensando.



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